El Tempranillo —Cencibel, como lo llamamos aquí— es la uva de la casa y la que mejor cuenta cómo sabe Villarrobledo. Este joven de 13 % es la referencia que recomendamos a quien entra por primera vez en la bodega: directo, con fruta roja limpia y sin madera que distraiga.
Para qué momento. Mesa diaria, tapeo y cualquier plato con tomate o pimentón: migas, gazpacho manchego, embutido. También es la botella segura para llevar a una cena cuando no sabes qué gusta al anfitrión.
Cómo llega. Caja de 6 botellas de 75 cl. Si buscas el mismo Tempranillo con paso por barrica, mira la caja de 6 meses.
DESCRIPCIÓN
Esta variedad, también conocida como Cencibel en la zona, es la máxima y más pura expresión de nuestra tierra. Beber este vino es rendir homenaje a nuestros antepasados, a nuestros agricultores y a nuestros tijereros. Es un vino que sabe a tradición y lo podríamos denominar como el alma de nuestra bodega.
NOTAS DE CATA
Al servirlo, lo primero que te llama la atención es su vivacidad. Es un vino de capa media-alta, con un color rojo cereza intenso y muy brillante. Lo que delata su juventud son esos ribetes violáceos y azulados.
En nariz es una auténtica explosión de fruta. Frutos rojos con toques florales a violetas y un fondo de regaliz negro que le aporta frescura.
En boca es donde este vino saca pecho, pero con elegancia. La entrada es amable y golosa, con un cuerpo bien definido. Sus taninos no son nada agresivos, gracias a una recolección que se produce en su momento óptimo de maduración. Tiene un retrogusto donde vuelven a aparecer las frutas del bosque de manera muy fresca y persistente.





